viernes, 28 de junio de 2019

MALA FAMA

                                                               La prosa poética de Tagore constituye el alma misma del pueblo                                                                                                  hindú. La espiritualidad de Tagore encierra su sensibilidad                                                                                                            exquisita, su creación y su admirable mística.

No llores tú, hijo mío. ¡Qué malos deben ser esos que siempre te están regañando sin motivo! ¿Te han llamado sucio porque cuando estabas escribiendo te manchaste de tinta los dedos y la cara? ¿Y no les da vergüenza? Se atreverían a llamar sucia a la luna llena porque se ha tiznado la cara con tinta?
Hijo mío, por cualquier cosilla te culpan. Todo lo tuyo les parece mal. ¿Qué te rompiste tu ropita jugando? ¿Y por eso te llaman destrozón? ¿Y no les da vergüenza? ¿Pues que dirían de la mañana de otoño cuando sonríe detrás de las nubes rajadas?
Pero no les hagas tú caso, hijo mío. ¡Qué bien contaditas te tienen tus faltas! Todo el mundo sabe lo goloso que eres. ¿Y por eso te llaman tragón? ¿Y no les da vergüenza? Entonces, ¿cómo nos llamarían a nosotros porque tú nos gustas tanto que te comeríamos a besos?

EL JUEZ
Di de él cuanto quieras, pero yo sé mejor que tú y que nadie las faltas de mi niño.
Yo no lo quiero porque es bueno, sino porque es mi hijo. ¿Y cómo has de saber tú el tesoro que él es, tú que tratas de pesar sus méritos con sus faltas? Cuando yo tengo que castigarlo, es más mío que nunca. Cuando lo hago llorar, mi corazón llora con él. 
Sólo yo tengo derecho de acusarlo y penarlo, porque solamente el que ama puede castigar.

*Rabindranath Tagore (1861-1941), poeta bengalí, filósofo del movimiento Brahmo Samaj, artista, dramaturgo, músico, novelista, autor de canciones. Premio Nobel de Literatura 1913, fue el primer no europeo en obtener este reconocimiento. 

LA LEÑA VERDE

                                                                                             Las inquietudes de Lev Tolstoi se reflejan en sus apólogos,  
                                                                            composiciones literarias, que se proponen dar una enseñanza útil o moral. Toda la obra de Tolstoi está impregnada del más profundo sentimiento cristiano. 

Una mujer del pueblo, al ir de mañana al mercado, deja a su hijo pequeño, que queda en la isba, el encargo de preparar la lumbre. El niño busca la leña, la amontona en el hogar, la enciende, pero ve que, en lugar de la alegre llama, sólo se produce una espesa humareda que invade la habitación. No. Sin duda la madre sabía disponer de otro modo la leña. El niño coloca los troncos en forma de pirámide y ensaya de nuevo. Pero en vano: humo y sólo humo, que hace irrespirable el aire. Tal vez será mejor extender la leña por el suelo bajo la chimenea. El resultado es aún peor. Y, de esta suerte, los más diversos arreglos y disposiciones de las ramas sólo sirven para aumentar el desesperante chisporroteo y la negra humareda sin que surja el fuego apetecido. 
Al fin retorna la madre. 
-Qué es lo que estás haciendo, criatura?
-Madre, he probado todas las combinaciones. 
-¿Pero no ves que las has intentado con leña verde y la leña verde no arde, la pongas como la pongas? ¡Trae leña bien seca, y, en cualquier forma que la coloques, verás qué hermosa lumbre tendremos en casa!
Así es. La leña verde no arde. 
Con leña verde, con hombres de corazón injusto,
por más que variemos las instituciones políticas,
no llegaremos nunca 
a instaurar un régimen de justicia.

COMUNICACIÓN DRAMÁTICA

El teatro comunica un mensaje al público. Es decir, durante la representación teatral se gesta una red de relaciones muy complejas entre el ...